martes, abril 13, 2010

Rothenberg

Quizás uno de los poetas estadounidenses más importantes de la actualidad sea Jerome Rothenberg. Su espectro sensible trasciende los limbos de su propia cultura y desanida el sentido único, unidireccional, de la poesía. En sus palabras confluyen mundos, voces invisibles, que le dan eco a su halo anglosajón. Hablamos, pues, de un poeta cultural, si la tautología es tolerable. De él ha dicho Eliot Weinberger: "Es un recluta que voluntariamente se ha enlistado para prolongar la vanguardia". Su canto embiste las bayonetas de mira chueca, los arcabuces humedecidos por la fragilidad de lo contencioso.

Conocí a Jerome Rothenberg hace como diez años. Había venido a México a dar algunas lecturas de su poesía más reciente. Después de una de esas veladas que deviene en tertulia de amigos, fuimos a tomar unos tragos. Al cabo de cinco martinis, y como la travesura perfecta de un viejo pícaro, deslizó por debajo de la mesa un folletito fotocopiado del tamaño de un boleto de cine. "Es mi última publicación", me dijo. "Es el último que me queda y no se lo quiero dar a ninguno de estos insoportables. Cabe destacar que los organizadores de la lectura, y que estaban ahí, eran de Letras libres. Durante años el folletito fotocopiado estuvo perdido en algún vericueto de antimateria de mi biblioteca; pero ahora, como las mudanzas sirven tanto para perder cosas como para recuperarlas, me he encontrado la minúscula publicación de Rothenberg.

Se trata del volumen The Leonard Project. 10+2 poems, poemas visuales que originalmente fueron presentados en formato de 18 por 24 pulgadas en la exposición A supper with Leonardo en Florencia. La muestra duró de septiembre de 1998 a enero de 1999. Rothenberg lo imprimió después en pequeña escala, sin fines de lucro y para regalárselo a los amigos a quienes pudiera interesarle. Yo fui uno de los afortunados y lo reproduzco a continuación.

I will create a fiction which shall express great things





CAS

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