miércoles, diciembre 25, 2002

Compré tres libros de autores mexicanos. Me gasté quinientos pesos. He aquí las razones que justifican parcialmente mi derroche. Adquirí el último libro de Pancho Hinojosa porque es mi cuate, su literatura me parece verdaderamente irreverente y es la única persona con la suficiente valentía en este mundo para dormir con con pescado abierto por la mitad en la cabeza. Nostalgia de la sombra de Eduardo Antonio Parra lo compré porque he platicado algunas veces con él, me cae muy bien y tiene unas hijastras a las que cualquier tipo decente le haría el favor; voy. Por último luce reluciente sobre el escritorio un libro de relatos de Cristina Rivera-Garza. Aquí el motivo no es que la conozca sino que tengo amigos que la veneran como al Santo Niño de Atocha, entre ellos mi amiga Socorro, quien afirma que es la mejor "escritora mexicana". Vamos a ver, pues en algún momento leí un libro de poemas suyo y no fue, sin agresión, "la divina Garza". En otro contexto, quizás hubiera gastado el mismo dinero comprando libros, en este orden, de Graham Swift, Martin Amis o César Aira; sin embargo, para que luego no se diga por ahí que no leemos a nuestros autores, normalmente los hago (y compro) a conciencia. Al final, por las dudas y por si acaso, hay que comprar libro de cualquier especie, no importa que muramos en el intento o nuestras arcas (sí, como no) se vean notablemente disminuidas.

CAS

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